Durante la Semana Santa, muchas personas en Entre Ríos y el país modifican sus hábitos alimenticios siguiendo tradiciones religiosas. Te contamos cuáles son las prácticas establecidas y su significado.
La Semana Santa es una de las celebraciones más importantes del culto católico. En este período, ciertos días conllevan limitaciones respecto al consumo de carnes para quienes desean seguir los preceptos religiosos. Generalmente, las carnes de animales terrestres son las que se evitan, siendo reemplazadas frecuentemente por pescado.
Aunque la costumbre se extiende para muchos a varios días, según la normativa católica, hay un día específico de abstinencia obligatoria: el Viernes Santo. Este año, el Viernes Santo cae el 3 de abril. En esta fecha se conmemora la Pasión y crucifixión de Jesucristo, y está considerado un día de penitencia.
La tradición de no comer carne roja, de ave o de cerdo en este día tiene un sentido simbólico. Para la Iglesia, la carne representa el cuerpo de Cristo crucificado, y abstenerse de consumirla es un acto de respeto y un modo de unificar el ritual entre los fieles, simbolizando también el sacrificio de Jesús.
Además de la abstinencia de carne, para el Viernes Santo se exhorta a los fieles a practicar el ayuno, definido por la Iglesia como «una comida principal más dos comidas pequeñas que, sumadas, no sobrepasen a la principal en cantidad». La ley de la abstinencia aplica a quienes han cumplido 14 años, mientras que la del ayuno es para personas adultas hasta los 59 años.
De acuerdo con la Agencia Católica de Informaciones (ACI Prensa), durante el Viernes Santo solo se prohíbe el consumo de carnes de animales terrestres, permitiéndose el pescado. Esta práctica ha dado origen a diversas recetas tradicionales para esta fecha, como las empanadas de vigilia (con atún), las rabas o la tortilla de camarones.
Cabe destacar que esta práctica de abstinencia de carne roja no se limita únicamente al Viernes Santo, sino que se extiende a todos los viernes del período de Cuaresma, los 40 días de preparación espiritual que comienzan con el Miércoles de Ceniza y culminan en la Semana Santa, intensificándose las observancias en estos días centrales.
